Mi investigación actual gira en torno a un problema concreto: los sistemas de
inteligencia artificial generativa están tomando decisiones con
consecuencias reales —en medios de comunicación, en la justicia, en la vida de las
personas— y el derecho argentino aún no tiene herramientas suficientes para regularlos,
procesarlos ni juzgarlos.
Estudio los espacios donde la ley todavía no llegó: la responsabilidad de los modelos de
lenguaje, la autenticidad de la evidencia digital generada por IA, la autoría en
contenido sintético y los marcos regulatorios emergentes a nivel global.
Por eso crucé el código con el Código. Porque la solución no la va a dar ni el
programador ni el abogado por separado.